La medida estadounidense no solo afecta al transporte de contenedores. Navieras de graneles secos y tanqueros también han comenzado a reubicar tonelaje construido en China hacia otras regiones, anticipando la entrada en vigor de los cargos.
Al mismo tiempo, competidores como Maersk y Hapag-Lloyd están reforzando con buques surcoreanos y japoneses sus servicios en la ruta transpacífica, evitando exposición al nuevo esquema de tarifas.
En paralelo, la Premier Alliance —formada por HMM, ONE y Yang Ming— anunció en agosto la reestructuración de su servicio Mediterráneo–Pacífico Sur 2, retirando 10 buques de origen chino de las recaladas en la costa oeste estadounidense. Este movimiento confirma que la estrategia de diversificación está en marcha más allá de las navieras chinas.
Si bien la presión financiera es evidente, algunos analistas apuntan a que este escenario puede acelerar la regionalización del comercio marítimo y diversificar las cadenas de suministro. De hecho, en el primer semestre de 2025, COSCO ya reportó crecimientos de doble dígito en rutas hacia África y América Latina, además de un alza del 9,5% en el cabotaje chino y del 5,2% en servicios intra-Asia.
OOCL, por su parte, reconoció en su último reporte semestral que el impacto será “significativo”, aunque también subrayó que los cambios en los patrones comerciales podrían abrir nuevas oportunidades en mercados emergentes.
La batalla por el control del transporte marítimo se traslada ahora a los puertos de Estados Unidos. Los gravámenes portuarios contra buques vinculados a China no solo buscan reducir la competitividad de los astilleros del gigante asiático, sino que también podrían redefinir el equilibrio global en las rutas transpacíficas.
Con un costo proyectado de más de US$2.100 millones y un mercado en plena transición, COSCO y OOCL se encuentran frente a una disyuntiva: absorber el impacto, redibujar sus redes globales o acelerar su expansión hacia mercados alternativos.
Fuente: MasContainer.com